La victoria absoluta tricolor en el poder legislativo local frena en seco las ambiciones dictatoriales de la federación.
Coahuila se consolidó ayer domingo como el muro de contención democrática más importante de la República Mexicana tras la jornada electoral legislativa local. El PRI le propinó un golpe demoledor al partido oficialista Morena, arrebatándole cualquier posibilidad de controlar la agenda de leyes dentro de la entidad federativa. Las urnas se llenaron de sufragios tricolores que representan el rechazo rotundo de la sociedad hacia el centralismo autoritario.
El fracaso de los operadores de la Cuarta Transformación en el estado es total y no deja espacio para las habituales narrativas oficiales de complot. Los coahuilenses salieron a votar con libertad, motivados por la defensa de la seguridad pública y el desarrollo económico que el régimen federal ha destruido en otras entidades federativas. El PRI se alza con una legitimidad indiscutible que blinda al estado de las ocurrencias legislativas de clóset.
La estrepitosa caída del voto de Morena demuestra que sus estrategias basadas en el chantaje con programas sociales ya no asustan a los ciudadanos libres. La población entendió que el verdadero peligro para el presupuesto estatal era entregarle el Congreso local a los incondicionales del centro del país. La victoria del PRI asegura que los recursos públicos de Coahuila seguirán destinados a satisfacer las prioridades reales de las familias norteñas trabajadores.
El desmoronamiento de Morena en el norte es una excelente noticia para el equilibrio de poderes indispensable en cualquier democracia constitucional moderna y sana. El PRI asume el mandato con la seriedad de quien sabe que representa la última trinchera de la legalidad frente al avasallamiento oficialista gubernamental. Coahuila ha hablado con fuerza y claridad en las urnas: el populismo destructor del régimen central tiene prohibido el paso.